Cultura
Hanami y sake: la tradición japonesa de celebrar la primavera bajo los cerezos
11 de mayo de 2026
# Hanami y sake: la tradición japonesa de celebrar la primavera bajo los cerezos
Cuando florecen los cerezos, Japón sale a la calle
Cada año, entre finales de marzo y principios de abril, un frente de color rosa y blanco avanza de sur a norte a lo largo del archipiélago japonés. En Tokio, el primer cerezo suele abrirse hacia el 24 de marzo, y la plena floración llega aproximadamente una semana después. Ese instante luminoso y brevísimo es lo que los japoneses celebran con el **hanami**: literalmente, "contemplar las flores".
La escena se repite en cada rincón del país: mantas extendidas sobre la hierba, familias, amigos y compañeros de trabajo reunidos bajo las copas de los *Somei Yoshino* —la variedad más extendida de cerezo ornamental—, comiendo, bebiendo y conversando mientras los pétalos caen como nieve suave. En parques emblemáticos como el Ueno Onshi o el Shinjuku Gyoen, el número de visitantes puede superar los cien mil en un solo día durante el pico de floración. El hanami no es un simple picnic: es un ritual colectivo con el que toda una sociedad recibe junta la primavera.
Por qué el sake es inseparable del hanami
Entre todas las bebidas que pueblan las mesas del hanami, el sake ocupa un lugar muy especial, y no es casualidad.
Los documentos del periodo Nara (710-794) ya recogen banquetes de nobles que se reunían bajo los cerezos para compartir sake. Durante la época Heian, la práctica se consolidó como ceremonia cortesana, y en el periodo Edo se extendió al pueblo llano. Un episodio célebre es el del shōgun Tokugawa Yoshimune, que en la década de 1720 plantó más de mil doscientos cerezos en la colina de Asukayama —en lo que hoy es el barrio tokiota de Kita— y los abrió al disfrute de los ciudadanos de a pie. Desde entonces, sake y cerezos forman un binomio indisoluble en el imaginario de la primavera japonesa.
Pero hay algo más que pura tradición. El sake está profundamente ligado al ritmo de las estaciones. La mayoría se elabora durante los meses fríos del invierno, y es justo en primavera cuando empiezan a llegar a las tiendas las nuevas añadas: los llamados *shiboritate* (sake recién prensado) o *haru-shu* (sake de primavera), frescos y vibrantes, que salen de las bodegas exactamente cuando los cerezos están en su apogeo. Cuando el ciclo natural del campo y el ciclo del maestro cervecero coinciden en el tiempo, beber una copa bajo los cerezos se convierte en algo más que una simple ingesta de alcohol.
¿Qué sake elegir para el hanami?
No todo el sake es igual, y para la ocasión hay algunos estilos que encajan especialmente bien.
Nigori: el sake que parece pétalos en suspensión
El **nigorizake** es un sake sin filtrar del todo, de aspecto lechoso y turbio, que muchos japoneses asocian visualmente con los pétalos blancos del cerezo. Los que conservan algo de gas de fermentación resultan ligeramente efervescentes, ligeros en boca y muy agradables para brindar al aire libre. Es, sin duda, la elección más festiva para el hanami.
Junmai ginjo y ginjo: aromas que dialogan con la flor
Los estilos **junmai ginjo** y **ginjo** se caracterizan por aromas frutales y florales muy marcados —melocotón, pera, anís—, que armonizan de maravilla con la atmósfera delicada del hanami. Acompañan además con naturalidad la típica *bento* de la ocasión: onigiri (bolas de arroz), tortilla japonesa dulce o encurtidos suaves.
Ediciones primaverales de temporada
Muchas bodegas —las *kura*— lanzan cada primavera etiquetas de edición limitada con diseños de cerezos que desaparecen de los estantes en pocas semanas. Son una forma preciosa de entender que el sake también tiene estaciones, igual que los vinos de vendimia tardía o los quesos de primavera que conocemos en Europa.
El hanami, una puerta de entrada al sake
Para quien se acerca al sake desde el mundo hispanohablante, la bebida puede resultar inicialmente esquiva: demasiadas categorías, demasiada terminología en japonés, demasiado diferente a lo que conocemos. Pero el hanami ofrece la perspectiva perfecta para empezar. Aquí el sake no es objeto de estudio ni símbolo de sofisticación: es sencillamente el sabor de una estación compartida entre amigos, bajo un cielo cubierto de pétalos.
Los cerezos tardan apenas dos semanas en florecer y perder sus flores. En esa fugacidad —que los japoneses llaman *mono no aware*, la emoción melancólica ante lo efímero— se concentra buena parte de la filosofía estética japonesa. Y en la copa de sake que se levanta bajo esos árboles, kanpai mediante, late el mismo espíritu.